viernes, 18 de junio de 2010

Abel

Por Raúl H. Pérez Navarrete

A lo largo de la historia, situaciones cotidianas y objetos comunes han sido el origen de conceptos científicos o imágenes que eventualmente se convirtieron en expresiones artísticas. Mientras que para Isaac Newton la caída de una manzana inspiró la ley de la gravitación universal, y para Salvador Dalí un pedazo de queso derretido dio pie a los relojes de La persistencia de la memoria, para el actor mexicano Diego Luna fue una puesta en escena de Hamlet lo que sembró la semilla de Abel, su primer largometraje de ficción: “¿Y si nos hemos equivocado acerca de la obra durante todo este tiempo y Hamlet realmente mató a su padre porque estaba enamorado de su madre, para luego echar la culpa a su tío?”.




Diego Luna (1979), quien debutó como director en 2007 con un documental sobre el boxeador Julio César Chávez, estrena este año una peculiar cinta que aborda temas tan arraigados en la sociedad mexicana como lo son el machismo y la idealización de la figura materna. Abel, personaje interpretado por Christopher Ruiz-Esparza, es un niño de nueve años cuyo extraño comportamiento lo mantuvo internado en un hospital psiquiátrico y del cual ha salido para reintegrarse a su hogar, conformado por sus hermanos Selene (Geraldine Galván) y Paúl (Gerardo Ruiz-Esparza), y Cecilia (Karina Gidi), su madre. Poco tiempo después de su llegada, Abel asume el papel de jefe de la familia ante la ausencia su padre (quien emigró a los Estados Unidos), imponiendo de ese modo -y de manera paradójica- orden en la caótica dinámica familiar.

Coescrita por Luna y Augusto Mendoza, la película es una interesante postal de algunos aspectos de la dolorosa cotidianeidad de nuestro país y, en general, de nuestro mundo contemporáneo como la migración, las familias monoparentales y la soledad. Mezclando acertadamente la comedia y el drama con un ritmo pausado, los guionistas lograron una película entrañable cuya sencillez contrasta con la espectacularidad de los últimos éxitos del cine nacional como ¿Y tu mamá también? y Amores perros.

Sin duda, otro aspecto que resulta atractivo es el desempeño de los actores. El trabajo de Diego Luna frente a las cámaras –experiencia que inició durante sus años infantiles- es palpable principalmente en las actuaciones de los hermanos Ruiz-Esparza, quienes tienen en esta película su debut, y en la actriz veracruzana Karina Gidi, con un escaso currículum cinematográfico pero con experiencia en el teatro.

Sin ser extraordinaria, Abel es un buen trabajo que augura excelentes proyectos por parte de su director.


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