miércoles, 8 de julio de 2009

Lolitas contemporáneas

Por Raúl H. Pérez Navarrete

En 1955, Vladimir Nabokov publicó Lolita, su novela más conocida, y una de las más importantes obras literarias del siglo XX. Literatura erótica, sátira de los “horrores suburbanos y de la cultura plástica” estadounidense, novela psicológica, Lolita tiene muchas aristas e interpretaciones, no en balde es por igual motivo de estudio académico y adaptación cinematográfica. Su impacto en el inconsciente colectivo es tal que aquellos que ni siquiera conocen la obra de Nabokov, se han topado con ella de una u otra manera. Nabokov nos heredó no sólo una novela maravillosa sino también un elemento a la cultura popular: la misma Lolita.

Confesiones de un ninfulómano

La novela inicia con un prólogo firmado por John Ray, Jr. quien recibió un manuscrito con los títulos Lolita o Las confesiones de un viudo de raza blanca, firmado por Humbert Humbert, un evidente seudónimo. El lector se encuentra, por tanto, no ante un relato de “ficción” sino ante el testimonio “real” de un criminal. El hombre detrás de las iniciales H. H. es un hombre obsesionado con los seres que él califica como “nínfulas”: “…muchachas, entre los nueve y los catorce años, que revelan su verdadera naturaleza, que no es la humana, sino la de las ninfas (es decir, demoniaca), a ciertos fascinados peregrinos, los cuales, muy a menudo, son mucho mayores que ellas (hasta el punto de doblar, triplicar o incluso cuadriplicar su edad)”.

En la primera parte de sus confesiones, Humbert narra el génesis de su mal, su aceptación y eventual encuentro con Dolores Haze, una niña de doce años, huérfana de padre, que pronto se convertirá en su hijastra y amante.

En esas páginas, Lolita es el objeto del deseo de un hombre mayor, es una niña que llora por las noches en cuartos de motel a lo largo de los Estados Unidos; en internet, es una chica de 23 años que viste una falda a cuadros mientras disfruta de una paleta; en la portada de la revista Quién, es una actriz de 14 años con rostro de mujer que posa en bikini.

La cultura de masas está obsesionada con Lolita. ¿Fue Nabokov el culpable? ¿El cine tal vez? ¿La moda? ¿La genética, acaso? (No faltará quien diga que se trata de esto último pues un estudio reciente indica que el tamaño promedio del busto de las adolescentes aumentó en los últimos quince años).

Moda, cine, internet, el concepto (lejos del descrito por Nabokov) nos rodea, no sólo en forma de anuncios publicitarios o páginas pornográficas, sino también en forma de parodia: una de las diversas lecturas que se pueden hacer de la cinta Little Miss sunshine (Pequeña Miss sunshine) de Jonathan Dayton y Valerie Faris es precisamente esa: la sexualización de las niñas.

¿Conclusiones?

El tema da para mucho más pero sólo quiero dejar aquí abierta la discusión, no está entre mis propósitos hacer un texto moralino ni, por el contrario, hacer una defensa de la pornografía y la prostitución, sino señalar un fenómeno de nuestro mundo contemporáneo.



Mérida, Yucatán, 26 de junio de 2009.

4 comentarios:

Diana Tapia dijo...

Hola Raúl:

Yo como siempre siguiendo tus textos. Pues quisiera dejar mi comentario, creo que las lolitas contemporáneas, están por todos lados, yo a diario veo a chavitas que fuera del horario de secundria el top y los pantalones a la cadera lucen en diferentes colores, por la calle Morelos, ó el Paseo Santa Lucía, y sí, dan miedo, son demoiacas jajaja.

No sé, creo en los límites, y lamento cuando abusan de ellas, o se unen tarde o temprano a la lista de prostitución, cada quien decide ¿cierto?, pero a los 14, ó 16 años, las perspectivas... aún no son muy claras.

Yo no fui Lolita, ja, no usé falda corta en la secundaria, quizá siempre he vivido en la luna y en las perversiones literarias, ja. En fin, la ficción, la ficción es peligrosa cuando se vuelve indestructiblemente real.

Yair dijo...

mmmm Danna Paola…

Soma dijo...

Buen post, gracias por la portada...
Atte.
Ninfeta Lover

Raúl H. Pérez dijo...

Diana: Así es, no hay que ser moralistas ni hay por qué escandalizarse pero hay límites.

Yair: Jajaja. Saludos.

Soma: Pues no hay de qué.

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