lunes, 11 de mayo de 2009

Aventura sin fin




Por Raúl H. Pérez Navarrete

Decir “década de los 80″ es, para muchas personas de mi generación, recordar series animadas como Thundercats, videojuegos como Super Mario Bros., y canciones como “Welcome to the jungle”, de Guns n’ roses. Para mí, además, es sinónimo de una serie de libros titulada Aventura sin fin, publicada en español por la editorial Timun Mas.

La serie, en su edición en inglés, abarcaba más de 50 números que incluía varios universos, entre los que se encontraban el titulado Calabozos y dragones, inspirado en el célebre juego de rol del mismo nombre.


Portada de Las alas del dragón, escrita por John Kendall


Narrados en segunda persona, el lector asume diversos papeles como un guerrero (Las cavernas del terror), un príncipe (Las alas del dragón), un artista ambulante (El tesoro del rey) o un aprendiz de mago (El tributo del dragón). Castillos en ruinas, grutas interminables y bosques encantados son algunos de los escenarios donde el lector toma decisiones que desembocan en los diversos finales del texto.

“Tu nombre es Garan, un humilde y sencillo campesino. En tu aldea se yergue, majestuosa y enigmática, la llamada Torre de las tinieblas. Todo el mundo afirma que está embrujada, pero nadie sabe a ciencia cierta qué misterios oculta en su interior. Lo que tú mismo has experimentado ya, es que tu propia madre ha desaparecido en ella”. Este es el primer párrafo de la introducción que acompaña a La Torre de las tinieblas, de Regina Oehler Fultz, el número 12 de la serie.

Si bien los libros ofrecen una diversidad de personajes, monstruos y geografías, los textos pueden dividirse básicamente en dos categorías: por un lado, las historias sobre personajes que deben cumplir una importante misión que les ha sido encargada (La montaña de los espejos, Retorno a Brookmere, El dragón negro, El Castillo de las pesadillas, La garra del dragón) y, por otro, sobre personajes obligados por las circunstancias a enfrentarse a un difícil reto (La rebelión de los enanos, La venganza de los dragones del arcoíris, Las alas del dragón, La torre de la tinieblas, El circo del terror).

En el caso de La montaña de los espejos, de Rose Estes, el héroe es Landon, un elfo guerrero al que se le ha pedido investigar la razón por la que las caravanas no llegan más a su aldea, enclavada en una región gélida y en la que escasean las provisiones. En Las alas del dragón, de John Kendall, por su parte, el príncipe Treon es enviado a un pequeño pueblo, lejos de la capital del país, que se enfrenta a la invasión de los ejércitos del Mago Rojo. En ese distante lugar, una anciana le ofrece al joven soberano un anillo mágico y un libro de hechizos, objetos que desencadenarán las diversas aventuras en las que el príncipe se verá envuelto en compañía de la elfa Rynath, tutora y guardaespaldas.

Las decisiones que se le presentan al lector son de índole diversa: una nota que acompaña a cada libro advierte: “este relato contiene muchas elecciones: las hay sencillas, sensatas, temerarias… e incluso muy peligrosas”. Igualmente, cada texto contiene al final su propio “índice de seres y monstruos”, una lista de las creaturas que el lector enfrenta en su aventura: dragones, orcos, pixies, muertos vivientes, unicornios, kobolds, gigantes…

Una puerta abierta

Su fácil lectura, sus llamativas ilustraciones y la imaginación de sus historias convierten a este tipo de proyectos en una puerta abierta hacia la literatura. En un país como el nuestro, en donde los índices de lectura son bajos, he ahí una atractiva idea que se tendría que revalorar.


Publicado originalmente el 25 de febrero en la revista La espiral.

2 comentarios:

La Diabla dijo...

Mi querido neurotico, cuanto tiempo sin comentarte, porque si paso por aqui seguido nomas que no comento.

La primera vez que lei un cuento asi era en tercera persona y asi de "ahora que haces?, vas al jardin pagina tal, vas a las escaleras pagina tal", Era una historia larga de romance, terror y hombres lobos que encontre en internet, buenisima! y voy a checar los libritos que mencionas.

De los ochentas no me toco vivir nada, yo tenia 3 años cuando se terminaron u_u

Raúl H. Pérez dijo...

Mi querida Diabla, yo sé que siempre estás ahí aunque no comentes.

¿Tercera persona? ¿No será segunda? ;)

Cuando los ochenta terminaron yo tenía cumplidos ya 8 años (me haces sentir viejo).

Un abrazo, Diabla.

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