lunes, 16 de marzo de 2009

Watchmen


Por Raúl H. Pérez Navarrete



El horror es este: al final, es sólo una imagen de vacía negrura sin sentido.


Alan Moore.



Si Stan Lee llevó a la mayoría de edad al cómic de superhéroes en los años 60, en la década de los 80, con los escritores Alan Moore y Frank Miller, el género llegó a la madurez. En El regreso del caballero nocturno, Frank Miller presenta a Batman como un héroes envejecido en una cada vez más violenta Ciudad Gótica; por su parte, el inglés Alan Moore, junto a su compatriota Dave Gibbons, crea en Watchmen una realidad afectada por los superhéroes que la habitan (el personaje del Dr. Manhattan, por ejemplo, influye tanto en la guerra de Vietnam como en la moda). “Nuestra intención -dijo Moore en una ocasión- era mostrar cómo los superhéroes podrían deformar el mundo con el mero hecho de existir”.





En la novela gráfica, los héroes son en su mayoría seres oscuros con trastornos de personalidad, secretos dolorosos y moralmente ambiguos. Esa es la esencia de Watchmen: superhéroes complejos que transforman todo aquello que tocan. Desafortunadamente, la adaptación cinematográfica de Zack Snyder mal interpreta el espíritu de la obra de Moore y Gibbons y se concentra en exagerar la violencia del cómic así como en hacer una crítica trasnochada del gobierno de George W. Bush.





El abuso de la cámara lenta, la pésima elección de la música de fondo y la evidente carencia de ritmo hacen del filme de Snyder un trabajo irregular. En contraste, la caracterización de los actores y la secuencia de los créditos iniciales se encuentran entre los aspectos rescatables del filme. Aun así no es suficiente. La falta de pericia del director abarata y traiciona la historia. La violencia está presente en el cómic pero es un recurso narrativo, supeditado a la trama. Snyder parece no notarlo o simplemente no le importó. Al enfocarse en la innecesaria violencia, el cineasta sacrifica absurdamente muchos aspectos de las sub tramas de los protagonistas, historias que le otorgan a Watchmen su importante lugar en la historia del cómic.

Como dice Eduardo Huchin en su artículo sobre la película: "Hablando de personajes. Snyder les da pasado, pero no les da profundidad. Coloca las viñetas necesarias para entender que Rorschach sea un sociópata o Silk Spectre una chica obligada a seguir la historia de su madre, pero todo queda ahí, en los datos. No es la acumulación de hechos lo que hace a un buen personaje sino la manera en que esos hechos le dan un sello inolvidable".

Al final de su texto, Huchín sentencia acertadamente con respecto a la cinta: “deja mucho que desear si pensamos que se trata de la mejor historia sobre superhéroes jamás escrita (uno no entiende por qué y eso me irrita). Creo que su peor pecado es hacernos sentir la indiferencia del Dr. Manhattan: en dos horas y media no vemos suficientes motivos por los cuales el mundo debería no ser destruido”.

2 comentarios:

Soma dijo...

Estoy de acuerdo, a diferencia de Ventura y Mike, a mí no me pareció un buen filme y, de hecho, usé la misma palabra en un comentario que hice en el blog de Miguel: Irregular

Raúl H. Pérez dijo...

Gracias por el comentario, Tatto.

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