lunes, 9 de marzo de 2009

El traspatio


Por Raúl H. Pérez Navarrete

Actualmente se exhiben en los complejos cinematográficos de la ciudad de Mérida un par de películas en apariencia distintas pero que en el fondo comparten un tema: la lucha de una mujer contra una sociedad machista y a las autoridades corruptas que la rodean. Hablo de la cinta mexicana El traspatio, de Carlos Carrera, y la estadounidense El sustituto (Changeling), de Clint Eastwood. En esta ocasión me concentraré en la primera.


Escrita por Sabina Berman, El traspatio ofrece una cruda panorámica de los feminicidios de Ciudad Juárez, Chihuahua. En el filme, Ana de la Reguera interpreta a Blanca Bravo, una oficial de policía recién llegada que descubre a cada paso los usos, costumbres y secretos que anidan en los rincones de la ciudad fronteriza. De forma paralela, se narra la historia de Juanita Sánchez (Azur Zagada), una joven indígena que emigra de Tabasco para trabajar junto a su prima en una maquiladora. De la mano de estos personajes, Carlos Carrera conduce al espectador de las pistas de baile a las polvorientas y poco iluminadas calles de los barrios de la periferia, de los vestidores de las maquiladoras a las elegantes oficinas donde políticos y empresarios cierran tratos y negociaciones.

Por su parte, el guión Berman no tiene miramientos: alrededor de los cadáveres cubiertos de sangre y de la arena del cruel desierto hay un complejo escenario del que forman parte las autoridades, los inversionistas extranjeros, la marginación social y el machismo. La cinta no ofrece soluciones ni presenta teorías descabelladas, sencillamente recoge notas de prensa, hechos que tuvieron eco en un determinado momento en algunos noticieros pero que ahora son historias de la cotidianeidad de Ciudad Juárez.


Una película cruda que definitivamente hay que ver.

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