miércoles, 12 de noviembre de 2008

Ensayos


Por Raúl H. Pérez Navarrete

En estos días se lleva a cabo en el Teatro Mérida el IV Encuentro Nacional de Ensayistas Tierra Adentro, evento que, como todo espacio de discusión e intercambio de ideas, debe ser celebrado. Recuerdo que varios meses atrás Jorge Cortés me invitó a participar pero tuve que rechazar dicha propuesta, entre otras cosas, porque para mí el ensayo es un género que inspira mucho respeto.

Asistí ayer martes 11 para presenciar la mesa "El ensayo personal: entre la memoria, la divagación y la vida cotidiana", en la que participaron Ricado E. Tatto y Joaquín Peón, ambos de Yucatán, Paola Velasco, de Veracruz, José Israel Carranza, de Guadalajara, y Enrique Padilla, de Puebla. Debo confesar que me desconcertó la dinámica del encuentro: en vez de presentar una ponencia, los participantes contaron con unos minutos para exponer sus respectivas ideas. Me pareció informal, incluso poco serio. La única diferencia entre el evento y una conversación en un café o una cantina fue que en vez de una cerveza o de una taza, un micrófono medió entre los asistentes. A pesar de lo anterior, escritores como Joaquín Peón sienten la imperiosa necesidad de “romper los moldes”, de destruir los esquemas y los clichés en los que -hay que decirlo- desafortunadamente han caído varias actividades como las presentaciones de libros. Pienso que se puede hacer distinto un evento como esos desde el lugar de los presentadores a través de anécdotas y a través de un intercambio real con el público en vez de repartir cornetas y sonajas. El evento ya era informal, no había necesidad de convertir el encuentro en una “convención dadá”, como la calificó Enrique Padilla. Necesitamos intercambiar ideas, no obsesionarnos con transgredir las formas.

Lástima que las interesantes propuestas de Peón se perdieron entre la bulla y el relajo.

4 comentarios:

Ricardo E. Tatto dijo...

Estoy de acuerdo, pienso que hay otras maneras de fomentar el diálogo y romper la sacralidad de esos eventos.
Lo peor del caso es que luego nos quejamos de que no se toma con seriedad el quehacer literario. Como dije en la mesa justo después de que Joaquín se vio abrumado por la escandalera que ayudó a crear, pienso que el discurso transgresor/provocador se ha vuelto gastado, en especial cuando carece de ideas que lo respalden. No se debe buscar el mero efectismo formal, sino aportar algo concreto. Lo mismo se podría decir de los jóvenes artistas visuales que buscan la reacción más que la acción...

Texas dijo...

Piiiiiiiiiiiiiiiiiiiii (sonido de corneta)

Ego sum qui sum dijo...

Estoy de acuerdo con todo, menos con un detalle: ¡Si tú eres todo un ensayista! Precisamente lo que haces todas las semanas en este blog son ensayos.

Andrés dijo...

Permiso, dejo mi blog:

http://harlem-shuffle.blogspot.com/

gracias

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