lunes, 3 de noviembre de 2008

Entre cementerios y calabazas de papel

Por Raúl H. Pérez Navarrete



“Una civilización que niega a la muerte, acaba por negar a la vida.”

Octavio Paz


Me gustan los festejos del Día de Muertos –Hanal pixán, como se le llama en mi tierra-, me agrada la comida de estas fechas, y disfruto también de los cementerios y las tumbas viejas.





El viernes por la mañana mis alumnos y yo participamos en el concurso de altares organizado por nuestra escuela. Fue un día agitado. Mientras algunos preparaban el mantel y el papel picado, otros hacían arreglos florales; mientras algunos servían el xec en las jícaras, otros buscaban cinta adhesiva en la oficina donde murciélagos y calabazas sonrientes observaban desde las paredes el ir y venir de las secretarias. También fue un día de contrastes.




Altar realizado por los alumnos del segundo año de preparatoria




Después, por la tarde, acompañé a mis abuelos al cementerio para visitar las tumbas de sus padres, mis bisabuelos. Para mí estos lugares encierran mucha paz e invariablemente invitan a la reflexión; los cementerios no me inspiran temor, no me parecen sitios lúgubres, por el contrario, me resultan agradables e incluso hermosos. Pensar en los instantes de las vidas ahí representadas igualmente resulta sobrecogedor. ¿Qué hay detrás de los nombres ahí escritos?, ¿detrás de las veladoras encendidas?, ¿detrás de las flores de plástico?, ¿detrás de las tumbas abandonadas?








*Las fotos del cementerio las tomé el viernes 31 de octubre en el cementerio Jardines del recuerdo.

1 comentario:

Pete...! dijo...

A mí también me gustan algunos cementerios, sobre todo los de historias que trascienden épocas, como el que tenemos acá en Guadalajara, el legendario Panteón de Belén.

Chido post, me latieron las fotos. Tienen ésa aura.

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