lunes, 22 de septiembre de 2008

Una coincidencia de mal gusto


Raúl H. Pérez Navarrete


En este mes de septiembre estoy a cargo del ciclo de películas “Más allá del largo brazo de la ley”, que se presenta en el Centro Cultural José Martí. El filme que inauguró el ciclo, el martes 9, fue Asesinos por naturaleza (1994), cinta dirigida por Oliver Stone, y con Juliette Lewis y Woody Harrelson en los papeles protagónicos.

Horas antes de la presentación, pensé en los hechos violentos de los días pasados y califiqué a la película, y al ciclo en general, de mal gusto; dicho ciclo lo ideé un par de meses atrás, cuando los decapitados y los ataques terroristas todavía no aparecían en los periódicos ni en los noticieros; una vez ahí, junto al público, viendo la cinta, imaginé que algunas personas abandonarían la sala. No fue así.

En tiempos de crisis la gente necesita distraerse por un momento, sin embargo, tampoco estoy de acuerdo con el entretenimiento barato como los programas de chismes y las telenovelas. En el otro extremo, en el llamado “entretenimiento de calidad”, como lo nombra "Miguel Ángel", se encuentran los mundos retorcidos de Oliver Stone y Jan Kounen; ¿violencia como espectáculo?, sí y no. Stone es uno de los directores hollywoodenses más críticos de su país; en Asesinos por naturaleza aborda, entre otros temas, la obsesión de los medios masivos de comunicación por los actos de violencia: el rating por encima de todo, el dinero antes que el respeto por las víctimas. Jan Kounen, director de Dobermann (1997), presenta por su parte en esta cinta un mundo al revés en donde los criminales son rebasados por algunos agentes de la ley en cuanto a los niveles de perversidad que pueden alcanzar.

“Más allá del largo brazo de la ley”, que originalmente se llamaba “Policías y ladrones”, es un ciclo de cine que coincidió con días inciertos. Una coincidencia de mal gusto.

Pienso que el peor error en el que se podría caer es fingir que aquí no pasa nada, que Mérida es un lugar muy tranquilo; sin duda la aparición de doce decapitados es más impactante que el robo de gallinas que se informaba en los periódicos yucatecos de principios del siglo XX (robo calificado de “terrible crimen”), pero la violencia vinculada al narcotráfico no es nueva en nuestra entidad; además, como señalaba un lector del Diario de Yucatán en días pasados en las páginas de ese periódico, en cierta forma todos somos culpables: somos cómplices del crimen cuando guardamos silencio en vez de denunciar, somos cómplices del crimen cuando compramos una película pirata o cuando damos una “mordida”…




Dobermann (1997)


Para muchas personas, la noticia de los decapitados hallados en la hacienda de Chichí Suárez fue un momento de revelación de una realidad que ha estado presente desde hace mucho tiempo a nuestro alrededor.

2 comentarios:

David Moreno dijo...

Difiero:

No entiendo por que calificar al ciclo como de mal gusto. Ni siquiera es una desafortunada coincidencia. Vamos ni siquiera es una coincidencia. Simplemente a veces el cine logra tomar ciertos aspectos de la realidad y caricaturizarlos (como es el caso de los dos asesinos o el reportero del filme de Stone) volverlos quizá parte del show, pero al mismo tiempo darnos tiempo de reflexionar sobre lo que sucede. En este caso, me parece que películas así, resultan más oportunas en tiempos como los que vivimos, pues más allá de llevarnos a un escapismo intrascendente, nos permiten - quizá - hacer un poco más de conciencia sobre el mundo que nos rodea.

En fin...

Saludos...

Ricardo E. Tatto dijo...

Concurro con David, precisamente ahí radica la importancia del ciclo, observar desde la distancia del espectador lo que ocurre a su lado en la vida cotidiana.
A veces eso hace falta para despertar las conciencias, todo está en el enfoque...

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