lunes, 7 de julio de 2008

La mujer en la historieta (II y última)


Raúl H. Pérez Navarrete



Una era de transición


Los años sesenta fueron años de cambio, una década que vio por igual la Guerra de Vietnam, y el ascenso a la fama y desintegración de los Beatles; el Concilio Vaticano Segundo y la publicación de Cien años de soledad de Gabriel García Márquez; el asesinato de John F. Kennedy y el estreno de Psicosis de Alfred Hitchcock; la llegada del hombre a la luna y la matanza del 2 de octubre, en Tlatelolco. Las artes, la política, la religión, las normas sociales, las formas de entretenimiento, ya nada sería igual. En el universo de las historietas, serían dos personajes nacidos a principios de esa década y a ambos lados del Atlántico que en cierta forma ejemplificarían muchos de los cambios que ocurrían en el mundo: Barbarella, del francés Jean-Claude Forest, y El hombre araña, de los estadounidenses Stan Lee y Steve Ditko.




Barbarella


La primera es una aventurera del espacio cuyas peripecias, cargadas de erotismo, sentido del humor y gran imaginación, tomaron por sorpresa al público en 1962. Dibujada de tal manera que sus rasgos emularan a los de la actriz Brigitte Bardot, la primera historia de Barbarella apareció en las páginas de la revista para adultos V, y en ella la heroína se halla en medio de una guerra entre dos facciones: los Crystallians, quienes habitan en un gran invernadero, y los Orhomors, dueños de las tierras congeladas del exterior. Bordeando siempre los lindes del surrealismo, entre los personajes que la protagonista encuentra sobresalen un ángel invidente, niños que utilizan muñecas carnívoras como instrumentos de tortura, tiburones voladores y robots hechos de cuero.


Barbarella, del francés Jean-Claude Forest




Mientras tanto, en Nueva York, luego del éxito obtenido con los Cuatro Fantásticos, Stan Lee da vida a una de las historietas de mayor influencia en el medio gracias a la ayuda del ilustrador Steve Ditko: El hombre araña. La historia encerraba personajes humanos que, a diferencia del resto de los superhéroes, sus acciones afectaban de alguna manera a aquellos que lo rodeaban. Peter Parker, su nombre verdadero, era un chico de preparatoria tímido y que prefería la lectura a los deportes. Si bien no tenemos aquí a un personaje femenino, las mujeres que lo acompañan eran seres verosímiles, complejos, con sus propias virtudes y limitaciones que hacían de las historias escritas por Lee aún más interesantes. De hecho, un sello de este autor son precisamente las mujeres fuertes y decididas junto a los protagonistas masculinos. En el caso de El Hombre araña, su tía May Parker es su principal apoyo durante sus años de infancia y adolescencia; posteriormente, Mary Jane Watson, quien con el paso de los años contraería matrimonio con Peter, es quien está detrás de él apoyándolo.


La fascinación de Stan Lee por este tipo de mujeres no es gratuita, en la vida real, su esposa Joan, con quien se casó en 1947, es su principal fuente de inspiración de estos personajes que igualmente figuran en sus otras creaciones como Hulk, X-Men y los ya mencionados Cuatro Fantásticos.


Eran años de cambio en los que la ingenuidad no tenía cabida. En Inglaterra, en 1963, en las páginas del periódico Evening Standard otra heroína poco ortodoxa inició su camino hacia el éxito. Modesty Blaise, creada por Peter O´Donnell y Jim Holdaway, fue originalmente rechazada por el Daily Express debido a su contenido adulto: el personaje es una niña que sufre de amnesia y que escapa de un campo para refugiados en Grecia para convertirse con el paso de los años en la líder de Network, una poderosa organización criminal internacional. Su nombre se lo proporciona su tutor, un hombre al que rescata de ser asaltado, mientras que su apellido proviene del mítico maestro del mago Merlín. Mercenaria, ladrona, agente de la Inteligencia británica, Modesty fue tan popular que sus aventuras se transformaron en libros y, al igual que Brenda Starr y Barbarella, adaptaciones cinematográficas.


El día de la independencia


En 1978 la serie de televisión de la Mujer Maravilla, protagonizada por la talentosa Lynda Carter, era un éxito entre el público y un símbolo entre varios grupos feministas. En la primavera de ese año, el matrimonio formado por Wendy y Richard Pini publica en la revista Fantasy Quarterly # 1 la primera aventura de su serie Elfquest. Al caer la editorial en la bancarrota, Wendy y Richard fundan WaRP Graphics para lanzar en el verano Elfquest #2. Descrita por Wendy como “una telenovela con orejas puntiagudas”, la historia tiene como personajes centrales a los elfos Leetah, Skywise y al onceavo jefe de la tribu Wolfriders, Cutter, aventureros en busca de sus raíces en un mundo inspirado por las novelas del inglés J. R. R. Tolkien. Escrita por ambos y dibujada por Wendy, Elfquest fue junto a Cerebus the aardvark (Cerebus el oso hormiguero) de Dave Sim, pionera en el mercado de las historietas independientes. En palabras de Richard: “Cerebus empezó al mismo tiempo y creo que fueron esos dos títulos que ayudaron, al menos durante los primeros tres o cuatro años, a definir el mercado del cómic alternativo”.


Al finalizar la serie en 1985 con el número 21, la pareja produjo posteriormente otras aventuras como Sangre de diez jefes, Asedio en la Montaña Azul, entre otras.


Diametralmente opuesta a Elquest, For better or worse (Para bien o para mal) de la canadiense Lynn Johnston, presentaba la vida cotidiana a través de la familia del dentista John Patterson. Compuesta por el doctor, su esposa Elly y sus hijos Elizabeth y Michael, Johnston utilizaba a sus personajes para crear momentos conmovedores en el que temas importantes como la homosexualidad o la muerte de un ser querido no eran ajenos.


Su éxito fue tal que permitió a Johnston crear una popular línea de tarjetas de felicitación.








For better or worse




Al filo de la página


Cuerpos exuberantes, miradas sugerentes y actitudes agresivas son algunas de las características de muchas de las protagonistas de un subgénero llamado bad girls (chicas malas), surgido a principios de la década de los 90 y cuya abanderada fue, sin lugar a dudas, Lady Death, una joven del siglo XIII hija de una bondadosa mujer llamada Marion y del perverso Matthias, descendiente de los ángeles caídos de Lucifer. Salida de la torcida imaginación de Brian Pulido, el propósito de Hope, su verdadero nombre, era el de eliminar la vida en la Tierra para que ella pudiera regresar al planeta, lugar al que se le prohíbe volver luego de ser maldecida por el mismo regidor de los infiernos. Vestida de cuero, con largos guantes y puntiagudas botas, el título fue durante varios años una seria competencia para grandes empresas como Marvel y DC. En el 2002 Chaos! Comics, su casa editorial, se declaró en bancarrota y luego de una breve estancia en CrossGen, Brian Pulido se trasladó a Avatar Press donde continúa produciendo el cómic.


Este subgénero obtuvo tanta aceptación que otras anti-heroínas creadas muchos años atrás como Gatúbela, Elektra y Vampirella fueron igualmente incluidas.





Gatúbela



También catalogada como bad girl pero de una mayor complejidad es Witchblade, de Michael Turner, una historieta cuya profundidad psicológica y elementos sobrenaturales la convirtieron en uno de los mejores cómics surgidos en la década de los 90. Su protagonista, la oficial de policía Sara Pezzini, es la actual portadora de una legendaria arma llamada la cuchilla de la bruja, un guante metálico que sólo puede ser utilizado por mujeres y que en épocas pretéritas fue empleado por Juana de Arco, Cleopatra y otras mujeres destacadas de la historia.





Witchblade


Aquí y ahora


Desde jóvenes secretarias, pasando por reporteras y amazonas hasta aventureras del espacio y seres sobrenaturales, las mujeres de las páginas de las historietas han cambiado tanto como sus creadores y creadoras. Fuera de las viñetas, artistas como la experimentada Louise Simonson, la talentosa Fiona Avery y la imaginativa Christina Z son quienes actualmente se encuentran trabajando en un medio que poco a poco empieza a abrirse a nuevas ideas, estilos y propuestas. Al igual que sus predecesoras, ellas han tenido que hacer su propio camino en un universo en el que si bien la voz femenina no ha estado ausente, fue en muchas ocasiones torpemente imitada por hombres, ajenos a una sensibilidad e inteligencia muy particulares.







Publicado íntegramente en Unicornio, suplemento científico y cultural de Por esto!, el 29 de junio de 2008.






1 comentario:

Ego sum qui sum dijo...

Te felicito por tan excelente artículo. Ya lo vi en Unicornio. De nuevo, felicidades.

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