lunes, 26 de noviembre de 2007

El erotismo en el cuento “La ninfa” de Rubén Darío




Por Raúl H. Pérez Navarrete


Erotismo y poesía: el primero es una metáfora de la sexualidad,
la segunda una erotización del lenguaje.


—Octavio Paz


El cuento “La ninfa. Un cuento parisiense”, incluido en Azul… desde su primera edición, es un texto en donde muchos de los temas que obsesionaron en su momento al escritor nicaragüense Rubén Darío pueden ser hallados con relativa facilidad: la mitología, el cosmopolitismo, el lujo y el erotismo son algunos de ellos. Mi propósito con este texto es señalar los medios que el autor emplea para evocar el erotismo en su relato.

El escenario en el que la historia se desarrolla es un castillo recientemente adquirido, donde alrededor de una espléndida mesa departen seis hombres y una mujer, una actriz, la anfitriona. Es ella el personaje central así como la iniciadora de la trama; es también el principal recurso del que Darío se vale para convertir su trabajo en un cuento en donde el erotismo está más que presente. Por principio de cuentas, el nombre de la protagonista, Lesbia, es un nombre con el que sin duda Darío juega, aludiendo a la homosexualidad femenina. Ella es descrita como “caprichosa y endiablada”, muy conocida por sus extravagancias. Es también llamada Aspasia, aludiendo a la cortesana del siglo V amante de Pericles, y que reunía en torno suyo a poetas, pintores y filósofos. En Lesbia convergen la picardía y la inteligencia, además de la ingenuidad y frescura de una niña; mientras los hombres hablan, ella “se entretenía en chupar, como una niña golosa, un terrón de azúcar húmedo, blanco entre las yemas rosáceas”. Dicha conversación es interrumpida por la carcajada argentina de la protagonista para a continuación expresar su fantasía de ser amada por un sátiro o secuestrada por un centauro, númenes griegos vinculados a la voluptuosidad, el vino y la animalidad inherente del ser humano. Deja entrever igualmente cierto aire de crueldad al parecerle placentero escuchar las quejas del hombre amado, engañado por uno de estos seres.

El recurso que Darío emplea posteriormente es interesante pues a través de escuetas descripciones va transformando a paulatinamente a la anfitriona de la reunión. Las copas semivacías de champaña, borgoña y menta, la amenidad y las carcajadas enmarcan a la “hermosa mujer” cuyo rostro encendido resplandece de placer. Una vez vuelta a llenar su copa con el “licor verde”, ella lo bebe “como lo haría un animal felino”. Llama aquí la atención la comparación que el escritor nicaragüense hace: de una bella mujer, Lesbia se acerca ahora a la animalidad al semejarse a un felino. Más adelante, la palabra “como” desaparece y la caprichosa y endiablada actriz mira al narrador personaje quemándolo “con sus ojos de faunesa”, mientras que con “voz callada” amenaza: “¡las ninfas existen, tú las verás!”. Este último pasaje recuerda las palabras creadas por Baudelaire en uno de sus poemas de “Las flores del mal”: nyxa y satiresa, palabras que por supuesto no existen pero que no dejan de ser claros referentes a Nyx, la noche, y a los sátiros, los semidioses de los campos y la fertilidad.

La sensualidad irradiada por Lesbia es tal que su falderilla, Colombine (como el personaje de la Comedia del Arte deseada por Arlequín y Pierrot), se estremece e infla las narices “como llena de voluptuosidad” ante el beso de su ama.

En su parte final, el narrador se encuentra en los bellos jardines de la propiedad de la extravagante actriz, rodeado de flores, árboles y estatuas magníficas de discóbolos, gladiadores y “cariátides blancas y lascivas”. Un ruido llama su atención y dirige la mirada hacia el estanque donde los cuellos algunos cisnes son como “una pierna alba con media negra”. La promesa de Lesbia se cumple, y ante la visión, cita la historia de Numa Pompilio, el legendario segundo rey de Roma de quien se decía era aconsejado por la bella ninfa Egeria. “¡Ah!, yo vi lirios, rosas, nieve, oro; vi un ideal con vida y forma y oí… como una risa burlesca y armoniosa que me encendía la sangre”, exclama el “sátiro burlado” ante la fugaz aparición que incluso es comparada con Citerea (Venus). En las últimas líneas, donde se presenta de nuevo una reunión, las descripciones hechas anteriormente por Darío delatan la travesura de la actriz: “…y ella me miraba, me miraba como una gata, y se reía como una chicuela a quien le hiciesen cosquillas”.

Es así que el escritor nicaragüense se basa en descripciones y comparaciones, así como en ambientes estilizados abundantes en sensaciones diversas para hacer surgir el erotismo en su narración de manera fina, elegante. Todo queda en el lector al no haber nada explícito, se trata de una situación ambigua, el guiño de un misterio sin misterio alguno.

10 comentarios:

Anónimo dijo...

muy buena tu explicacion

Aly_Obsidiana dijo...

Todo lo dicho es cierto, un relato precioso y con muchas connotaciones eróticas...

Anónimo dijo...

Esta bien la explicacion pero falta la parte exacta donde el erotismo prevalesca

Unknown dijo...

lindo poema del grande entre los ilustres... que toda nicaragua mia conozca a ruben darios y sus obras

Unknown dijo...

ilustres... que toda nicaragua mia conozca a ruben darios y sus obras..saludos desde leon nicaragua

Anónimo dijo...

Excelente!!:)

Debora Gaitan dijo...

buena explicacion es importante para que todos conozcamos de el gran Ruben Dario

Anónimo dijo...

Excelente esa explicacion

Anónimo dijo...

Sigue COOL

Anónimo dijo...

Que buena explicación
:-)

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