lunes, 8 de octubre de 2007

El jardín (cuento)




Por Raúl H. Pérez Navarrete


Los días parecían arrastrarse pesadamente por el suelo. Subían por las paredes, sobre las sábanas, hasta envolver el cuello de quienes dormitaban lejos de la nieve y el monótono vacío. Al amanecer, Thomas encontró en las escaleras marcas similares a las que tenía cerca del rostro y, sin darles importancia, se asomó por los ventanales a observar la quietud enmarcada en el silencio del jardín. A lo lejos, en las calles, numerosas siluetas caminaban sin dejar huella; al subir a los tranvías, al doblar las esquinas, sólo el resabio de un leve murmullo permanecía en el aire.

A manera de despedida dejó en los cristales constancia de su presencia y se dirigió después a la cocina donde entre el café y el periódico decidió que era tiempo de limpiar la casa. Tras la desaparición de Adriana el lugar se había convertido en un edificio de pasillos interminables y habitaciones condenadas. No tenía sentido permanecer ahí, lo mejor era venderla e iniciar una nueva vida en otro sitio.

En el ático, todavía en piyama, miró a su alrededor sin saber dónde empezar. La cabeza disecada de un toro, libros, madejas de hilo, rompecabezas. Caminó descalzo entre viejas cajas y bolsas de ropa hasta hallar en un rincón sobre una silla un álbum de fotografías. Adriana mostraba en todas ellas una hermosa sonrisa; tan despreocupada, tan sincera. Desde la ventana que daba a la calle vio un auto negro detenerse frente a la casa; era el detective Hopkins. Desde que cesó la búsqueda Hopkins lo había visitado un par de veces. “Pasaba por el vecindario”, solía decir con ensayada amabilidad.

Thomas bajaba las escaleras cuando escuchó el timbre. Al pasar junto a los ventanales, se detuvo ante la inmovilidad cómplice del mudo jardín y sonrió. El timbre sonó nuevamente.

— Buenos días, detective, ¿qué lo trae por aquí?

El policía simplemente lo miró y se limpió los zapatos antes de entrar a la casa.



Cuento publicado originalmente en la revista Al Pie de la Letra, número 8.

1 comentario:

Angie Sandino dijo...

Felicidades Raúl... es en verdad un relato breve y muy bueno, hasta me lo imprimi para releerlo! deberías considerar seguir publicando tus cuentos, al menos yo disfruto horrores con ese tipo de post...

Nuevamente mil felicidades...!
Besos!

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