lunes, 13 de agosto de 2007

El ángel con las alas de petate




Por Raúl H. Pérez Navarrete


Su trazo es hiriente, como las letras de Robert Smith o la voz de Kurt Cobain. Su poesía es sencilla, directa, el aura de Sabines la rodea; al mismo tiempo es enigmática y sugerente como la prosa de Borges. Su nombre es José Quintero, alguna vez habitante del limbo de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Su alter ego, una niña atea rodeada por la muerte en las formas más diversas.

José Quintero nació el 5 de abril de 1971 y dice ser hijo de don Abel y doña Cecilia, y hermano de Mario, Alma, Mayra y la pequeña Ceci. Comenzó a dibujar a temprana edad, en sus “primeros años de vida, en los que pintarrajear sobre una hoja de papel era una forma de juego complementario a los juegos con otros niños de mi edad”, según cuenta en una entrevista a Phil Yeh. Sin embargo, no hasta los 17 años que inicia a dibujar a Buba.

En cuanto a dicho personaje, el propio ilustrador explica su origen:

En agosto de 1989, en vísperas de una entrega inminente para el suplemento “Histerietas” del periódico La Jornada, y ante la carencia de ideas propias, me vi en la necesidad penosa de plagiar a Buba, el personaje autobiográfico creado por Ceci, mi entonces diminuta hermana.

Irónicamente, el trabajo de Quintero representó –como dice el cliché- una bocanada de aire fresco.

Proceso decadente

Buba Comix, vol. 1.1 es el libro que reúne casi una década de reflexiones de una niña acosada por la soledad, el desamor y la tragedia. Como en toda retrospectiva de cualquier artista, la evolución es uno de los atractivos más interesantes. En sus 96 páginas Robert Crumb (ver en este blog “En busca de lo desconocido”), Moebius, José Guadalupe Posada y el arte prehispánico se entremezclan con verdades evidentes: la muerte es inevitable el miedo inherente al ser humano.

Las ilustraciones de Quintero son grotescas en el fondo, pero al mirar con detenimiento, la belleza se asoma entre las alcantarillas de una urbe áspera y un cielo carente de divinidad… No faltará quien opine lo contrario.

Trascendiendo la página impresa, Buba llega a la red y su hogar es un planetoide que alberga otras creaciones como El Pote, así como el trabajo comercial que Quintero ha realizado para publicaciones como La mosca en la pared, revista mexicana de rock. Ahí también se aloja otro libro de la pequeña iconoclasta –un libro electrónico- que lleva el sugerente título de Las 13 muertes de Buba, que debido a falta de interés de las editoriales, su creador fue en busca de espacios alternativos para mostrar su trabajo. Afortunadamente para sus seguidores, Internet es un espacio democrático y un medio en muchas formas alejado del control de las grandes empresas. Fiel a sus orígenes, Buba continúa siendo subterránea.


Vol. 1.1


Ahora nos queda preguntarnos, ¿hay futuro para Buba y el cómic en general?

El autor responde, en la ya citada entrevista:

A este respecto soy un poco pesimista. Creo que el futuro de la industria del cómic es bastante sombrío; me parece que su momento histórico ya pasó y ahora toca el turno a otros medios relacionados de manera más estrecha con la tecnología (como el cine, los videojuegos, los lenguajes multimedia y -por extensión- una combinación de todos ellos). Sin embargo el cómic como lenguaje, como medio para expresar ideas y emociones, seguirá existiendo mientras haya quien lo valore y disfrute del placer de pasar una página tras otra de la historia de nuestros afectos.

Así sea.

José Quintero




Miércoles 25 de julio de 2007

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