lunes, 9 de julio de 2007

El cine y los espacios alternativos: Charla con Mario Helguera Bolio




Por Raúl H. Pérez Navarrete


El profesor Mario Helguera Bolio es egresado del Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) de la UNAM, y entre sus películas se encuentran las cintas documentales Yaxcabá (1979), sobre un antiguo militante del Partido Socialista del Sureste, y Cavafis (1981), relativo al autor de los poemas Itaca y Esperando a los bárbaros, Constantino Cavafis. Desde hace más de una década es una de las figuras más importantes de la difusión cinematográfica en la entidad, teniendo actualmente a su cargo la programación de la videosala del Centro Cultural Olimpo.




En marzo de 1995, luego de trabajar en TVUNAM, en la ciudad de México, Mario Helguera llega a Mérida para trabajar con una amiga suya, la antropóloga Luz Elena Arroyo, directora de la Casa de la Artesanías del Estado. En aquél entonces se encontraba como director del Instituto de Cultura de Yucatán el Ing. Alvaro Mimenza, quien lo invita a trabajar con él para celebrar los cien años del nacimiento del cine. Luego de tener un espacio la Casa de la Cultura del Mayab y en La Ibérica, se integra al Centro Cultural Olimpo en 1999, donde la exhibición de cintas se divide en tres renglones: “Películas clásicas, filmes que se han visto en el siglo XX, se ven en el XXI y si hay seres humanos posteriormente, también, así como con Platón, Shakespeare y Wilde; en segundo lugar, cintas importantes en su género, como por ejemplo Caracortada, prototípica del cine negro o El esqueleto de la señora Morales, película mexicana correspondiente al género de la comedia; por último, el cine nuevo, el cine que se está haciendo. Yo creo que apenas estamos terminando el primer siglo de un lenguaje que comienza, es decir, si comparamos al cine con la literatura en antigüedad, pues apenas inicia. Muchas personas se me acercan y dicen que el buen cine se acabó. Tomar por cierta esta aseveración sería enterrar el lenguaje cinematográfico, sería decir que todo lo descubrió Chaplin, Eisenstein, Welles, Bergman o Buñuel y lo demás es silencio, esto no es cierto, estamos empezando el segundo siglo del cine y habrán los George Melies, los John Ford, los Fellini y los Kurosawa del siglo XXI. Lo importante es que no existía un espacio en Mérida para la exhibición de este tipo de cine, de cine alternativo, sólo había espacios comerciales. Cuando llegué al Olimpo el Teatro Mérida se estaba reconstruyendo.”

En cuanto a la importancia de la videosala, Helguera es muy claro: “Gente que ha venido a Mérida escapando del smog del D.F. les da mucho gusto ver que ahora hay varios espacios, en el caso del Olimpo, gratuito. Tenemos un público variado: extranjeros, estudiantes universitarios, al igual que personas de la tercera edad, cuyo dinero de la jubilación no les da -ni con la tarjeta del INSEN- para pagar los quince pesos que pueda costar la función; también hay que tomar en cuenta que son muy escasos los eventos para ese sector del público. Yo he escuchado a políticos decir que hay que acostumbrarse a cobrar la cultura, yo diría: ‘cóbresela usted a quien la pueda pagar’, tal vez estén pensando en la gente que no quiere venir al centro de la ciudad, en la gente con la postura burguesa de no querer tomar un camión. Eso lo único que ocasiona es que te conviertas en un Homero Simpson más; es no esforzarte para ver algo bueno y prefieras prender la televisión para ver un capítulo de tu telenovela. Afortunadamente hay gente que toma su camión y viene aquí a ver buen cine -gratis además- con comentarios los viernes sobre los ciclos que se presentan. Aquí vienen personas que son plomeros, electricistas, gente mayor que te comentan de autores y directores, personas con una capacidad y un conocimiento impresionante que escucharon a Salvador Novo en el cineclub de la Casa del Lago en la Ciudad de México. La alternativa que hay es que se queden viendo la televisión y le den cultura por televisión, porque Colgate enseña y educa, porque Ariel enseña y educa. Lo que estamos haciendo aquí es asumir una postura contestataria hacia la pasividad, hacia la droga que se ha vuelto la cinematografía a nivel hollywoodense, hacia el prototipo de la mirada gringa, hacia el prototipo siempre colonizador norteamericano. ¿Cuál es el arma contra la colonización? La conciencia ¿y quién provoca conciencia? El conocimiento, el arte, y el arte fílmico tiene un discurso, un discurso ideológico y aquí podrán ver la ideología de Bergman, de Kurosawa, de Buñuel –quien también trabajó en México- y podrán conocer mucho mejor su propia realidad, a conocer mucho mejor cine, otro cine que no tiene relación con cualquier rubia que adorne cualquier cerveza.”


Arturo Ripstein y Mario Helguera


“Mi función en el Olimpo no es precisamente llenar la sala, si yo quisiera hacerlo pondría cintas de norteamericanas de moda o exhibiría películas eróticas. Mi función es que en la pantalla esté algo importante para ser visto, como es el caso de Ingmar Bergman. No es tan importante el número de asistentes, sino que la película esté ahí, que el Centro Cultural Olimpo y su videosala, continúe siendo un ejemplo cuyo protagonista es el buen cine, el cine inteligente, con eso duermo tranquilo.”

Ante el comentario anterior, es inevitable la pregunta sobre lo que piensa de la televisión: “La televisión es una universidad en cada casa, una universidad muy efectiva. Volteemos a izquierda y derecha y observemos cómo viste la gente, qué prototipos de belleza tiene, qué comida hay en los restaurantes; la televisión es un agente más de este pulpo tan inmenso que permite tener al hombre más rico del mundo en nuestro país.”

Finalizamos la charla con la pregunta que debió iniciar la conversación: su ingreso al CUEC, y él responde que su primer amor fue el cine: “Yo tenía catorce años en 1972 y en el Teatro Mérida exhiban una película que me impactó de tal manera que ni siquiera la literatura ni la música habían hecho antes. No pude dormir y me pasé la noche preguntándome cómo habían logrado para que yo me sintiera así”. Manteniendo en secreto el nombre de la cinta, explica que al día siguiente fue nuevamente a verla: “era una película para adultos y había que darle a la señora del teatro un peso más para así poder entrar. Eso fue el martes, el miércoles no me dejó pasar, el jueves sí -tal vez necesitaba el dinero-, y el viernes también. Vi la película cuatro veces en una semana. Ahí empezó mi curiosidad.”

“Al CUEC ingresamos 18 personas de 247. Cuando supe que había entrado di un salto del cual todavía no bajo.”
Periódico Por esto!, lunes 9 de julio de 2007

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