sábado, 3 de febrero de 2007

EL PERFUME. HISTORIA DE UN ASESINO

La adaptación de un texto literario a un medio audiovisual como el cine es sin lugar a dudas una difícil empresa. Durante dicho proceso se corre el riesgo que la esencia de la obra se diluya lentamente hasta casi desaparecer o que se transmute en algo completamente distinto. Se adaptan situaciones, se omiten otras, todo es válido mientras la idea central prevalezca.

El perfume. Historia de un asesino, dirigida por Tom Tykwer (Corre, Lola, corre) e inspirada en la novela homónima de Patrick Süskind, es una cinta que posee logros interesantes pero que como adaptación resulta pésima. Publicado en 1985, el libro consigna la historia de Jean-Baptiste Grenouille, un hombre con un desprecio a sus semejantes que lo equiparaban a Napoleón y al marqués de Sade y cuyo genio y ambición se limitaban “al efímero mundo de los olores”. Nacido con un sentido del olfato extraordinario, Grenouille es un individuo distinto al resto de los hombres dada esta característica así como su forma de encarar la vida. Grenouille es comparado con una garrapata por el autor, es un ser similar a una bestia que sólo requiere de lo necesario para subsistir. Este aspecto, reducido en la cinta a la cercanía del protagonista a algunos animales, es uno de los primeros desaciertos del trabajo de Tykwer.

Por supuesto las escenas no tienen que ser una copia fiel de las páginas de la novela; sin embargo, la omisión de momentos clave dentro de la historia como la conversación entre la nodriza Jeanne Bussie y el padre Terrier sobre la ausencia de aroma del bebé Jean-Baptiste o la minimización de lo que ocurre al personaje en su autoexilio de siete años (y no de semanas como aparece en el filme) en una cueva, son básicos para la creación de una trama verosímil. El final del libro, descrito como milagroso por Süskind, es torpe y ridículo en las manos del realizador alemán.

A falta de un guión bien construido, los logros del filme se hallan en la impecable dirección de arte, la excelente fotografía y el espléndido vestuario. La Francia del siglo XVIII presentada en la pantalla es tan deslumbrante como grotesca; tan gris como colorida. De los sucios pasillos de un mercado parisiense a un campo de flores; de una lúgubre caverna a un laberinto de setos en un jardín burgués.

Visualmente extraordinaria, la música es otro de aspecto sobresaliente. En la novela de Süskind los diálogos son casi inexistentes y esto se ve traducido a escenas largas embellecidas por las adecuadas piezas de Tom Tykwer, también compositor.

El histrión de origen inglés, Ben Whishaw, quien encabeza el reparto, tiene un muy buen desempeño que contrasta con la mediocre interpretación de Alan Rickman (Harry Potter y el Cáliz de fuego), en el papel de Antoine Richis. Rachel Hurd-Wood (Peter Pan), cumple en un personaje que no le exige demasiado al igual que Dustin Hoffman (Descubriendo el país de Nunca Jamás), en una caricatura del trágico maître gantier et parfumeur Giuseppe Baldini.

En resumidas cuentas, lo repito, El perfume. Historia de un asesino es una cinta que posee logros interesantes pero que como adaptación deja mucho que desear.




Periódico Por esto! 25 de enero del 2007

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